Hace unas semanas me tocó cotizar la renovación de licenciamiento de VMware para un cliente. El número que volvió fue 24.000 dólares anuales, como piso. No era un número redondo de folleto: era el resultado de una configuración concreta, para una infraestructura concreta.

Lo que me hizo detenerme no fue el monto. Fue que esa misma semana el mismo número apareció en otras dos cotizaciones, de otros dos clientes, con infraestructuras distintas. Tres veces el mismo valor, hasta el último dígito. Cuando un número se repite así, deja de ser una cotización y empieza a ser un mensaje: este es el piso. Por debajo de esto, en Argentina y a mayo de 2026, no se entra a VMware.

Y ese piso es el que abre la conversación que vengo teniendo, con matices, en casi todos los proyectos de modernización de este último año. Porque cuando un cliente ve ese número, la pregunta que sigue es siempre la misma: ¿y si me voy?

Es una buena pregunta. Pero casi nunca es la pregunta correcta.

Un datacenter que cumplió seis años

El proyecto que me hizo pensar en todo esto era, en apariencia, sencillo. Un cliente con un datacenter que había cumplido sus seis años de vida útil. Digo "en apariencia" porque ni siquiera el punto de partida era parejo: ese datacenter había nacido, en su momento, reutilizando hardware. Parte se había comprado nuevo y parte se había heredado de la infraestructura anterior. Así que a los seis años de antigüedad nominal había que sumarle equipos que arrastraban bastante más. Estaban sobre vSphere 7, en la edición Essentials, sin soporte vigente ni del hardware ni del software. Había que renovar todo: servidores, almacenamiento, y volver a decidir sobre qué plataforma se iba a parar esa infraestructura nueva.

El espejismo del ahorro

Sobre ese hardware nuevo había que decidir la plataforma. Y ahí apareció el número del que ya hablé: 24.000 dólares anuales para sostener VMware. La edición que correspondía ya no era la que el cliente conocía. Venían de vSphere 7 en su edición Essentials, la gama de entrada, esa con la que muchas PyMEs vivieron cómodas durante años. Esa puerta se cerró. El piso hoy es vSphere Foundation —96 cores, un año de soporte— y de ahí salió el número.

Con ese valor sobre la mesa, hicimos lo que cualquiera haría: cotizar las alternativas. Hiperconvergencia y modelo tradicional, host más almacenamiento, todo. Y acá viene lo que no esperaba, o lo que en el fondo sabía pero no quería ver.

Las alternativas no ahorraban tanto.

Una bajaba el número a 22.000 dólares. Otra a 20.000. La más agresiva, de los nombres conocidos, llegaba a 17.000. Estamos hablando de ahorros del 10, del 15, del 30 por ciento. Nada despreciable, pero pongámoslo en perspectiva: para conseguir ese 15% el cliente tenía que cambiar de plataforma, y cambiar de plataforma significa que la persona que administra ese entorno todos los días tiene que volver a aprender su oficio. Tiene que desaprender reflejos que tardó años en construir.

Ese es el costo que no aparece en ninguna cotización. La licencia tiene precio de lista. La curva de aprendizaje no. El riesgo de operar un entorno que todavía no se domina del todo, tampoco. Ni las herramientas de respaldo que hay que reconfigurar, ni los automatismos que hay que reescribir, ni las noches en que algo falla y el reflejo de buscar dónde está el problema todavía no se formó.

Yo lo planteo siempre de la misma manera: el ahorro tiene que ser lo bastante grande como para pagar el costo de irse. Si una alternativa me ahorra el 15% y me obliga a reaprender todo, no me está ahorrando — me está mudando la deuda de lugar. La saco de la factura de licenciamiento y la pongo en horas de trabajo, en riesgo operativo y en tiempo de mi gente. Y esa deuda, encima, no figura en ningún lado, así que es fácil fingir que no existe.

La excepción que rompe la escala

Y entonces, en esa misma planilla de cotizaciones, apareció la excepción.

Proxmox VE no bajaba el número a 22.000 ni a 17.000. Lo bajaba a 4.000 dólares anuales. No era un descuento: era otra escala. Donde las demás alternativas discutían si te ahorraban un 15 o un 30 por ciento, Proxmox te sacaba el 83 por ciento del costo de encima.

Cuando una cifra se despega así del resto, hay que desconfiar un poco —de la cifra o de uno mismo— y mirar qué hay detrás. Y lo que hay detrás es lo que conviene decir con todas las letras: el salto a Proxmox no es un salto entre dos productos equivalentes. Es un salto desde una plataforma propietaria, cerrada y madura hacia una plataforma open source que todavía se está construyendo.

Que quede claro: Proxmox es un buen producto. Tiene funcionalidades de nivel enterprise reales, no de folleto. Pero su madurez se mide distinto. La mejor prueba es su propio ritmo: saca versiones casi todos los meses, y cada una agrega cosas que en el mundo VMware se daban por sentadas hace años. Sin ir más lejos, hace pocos días salió la 9.2, y entre sus novedades trae un balanceador de carga dinámico —lo que en VMware es el DRS—. Una función que vSphere tiene madura y documentada desde hace más de una década, en Proxmox tiene literalmente días de vida pública.

Esto no es una crítica a Proxmox. Es una advertencia sobre la comparación. Cuando ponés 24.000 contra 4.000 en una misma fila de Excel, el Excel te miente un poco: te hace creer que estás comparando lo mismo a distinto precio. Y no. Estás comparando un producto terminado contra un producto en marcha. La diferencia de precio, en parte, es esa diferencia de madurez. No es competencia desleal de Proxmox contra VMware; es que no están jugando el mismo partido. Uno te cobra por la estabilidad y la previsibilidad de algo que ya está hecho. El otro es más barato, entre otras cosas, porque todavía lo estás viendo hacerse.

Lo cual nos lleva a la pregunta que en realidad importa, y que casi nunca se hace a tiempo.

Antes de preguntarte a dónde te vas, preguntate qué estás usando

Cuando un cliente paga licenciamiento de nivel vSphere Foundation, está pagando por una caja de herramientas bastante completa. Alta disponibilidad, migración en caliente, balanceo automático de recursos, almacenamiento definido por software, gestión centralizada, integración con el ecosistema de respaldo, APIs para automatizar. Es mucho. El problema es que casi nadie usa todo eso.

En mi experiencia, una parte importante de las PyMEs que pagan nivel enterprise corre cargas que aprovechan una fracción de lo que pagaron. Tienen el equivalente a una camioneta de carga para ir a hacer las compras. Y está bien, una camioneta hace el mandado —pero si vas a discutir el costo de la camioneta, primero conviene saber cuánto de camioneta necesitás de verdad.

Por eso, antes de mirar alternativas, el ejercicio honesto es hacer el inventario. No de lo que la plataforma ofrece, sino de lo que vos efectivamente tocás. ¿Usás DRS o tus VMs viven siempre en el mismo host? ¿Usás almacenamiento definido por software o tenés una SAN tradicional haciendo el trabajo? ¿Tu esquema de backup depende de una integración profunda con la API de VMware, o andaría igual contra cualquier hypervisor? Esa lista —corta y sincera— es la que te dice qué estás comprando realmente. Y muchas veces revela dos cosas incómodas a la vez: que estás pagando de más por features que no tocás nunca, y que dependés de una o dos que no sabías que eran tan críticas hasta que pensaste en perderlas.

El mapa de alternativas

Supongamos que hiciste el inventario y la cuenta sigue dando: hay margen para moverse. Bien. Entonces sí, miremos el mapa. Pero con una advertencia: lo que viene no es un ranking. No voy a decirte cuál es "el mejor", porque esa pregunta no tiene respuesta sin saber quién la hace. Lo que sí se puede hacer es ordenar las opciones por el tipo de decisión que representan. Cada una le habla a un decisor distinto.

  • El camino open source con soporte opcional: Proxmox VE. Es el de mi caso, el del 83 por ciento de ahorro. Le habla al que tiene tolerancia al aprendizaje y un equipo —aunque sea de una persona— con ganas de meter las manos. Te da el ahorro más grande del mercado y, a cambio, te pide que aceptes una plataforma en evolución y que asumas vos buena parte del know-how. Hay soporte pago disponible, pero el modelo de fondo es: vos sos responsable de tu plataforma.
  • El camino hiperconvergente llave en mano: Nutanix. Le habla al que quiere salir de VMware sin quedarse sin red de contención. Es una plataforma madura, con su propio hypervisor —AHV, también basado en KVM— y un soporte y un ecosistema serios. No vas a tener el ahorro de Proxmox: vas a tener algo más cercano a esos 17.000 o 20.000 que veíamos, pero a cambio de una experiencia más cuidada y de no estar solo. Es para quien valora más la previsibilidad que el ahorro máximo.
  • El camino "ya le pago a Microsoft": Hyper-V y Azure Local. Si tu infraestructura ya es mayormente Windows Server y tu gente respira Microsoft, Hyper-V deja de ser un competidor más para volverse casi una consecuencia natural. La curva de aprendizaje se achica porque parte del terreno ya es conocido. No lo voy a desarrollar más que esto, y esa brevedad es a propósito: si te aplica, ya lo sabés; si no te aplica, no hace falta que te convenza.
  • El camino "no quiero lock-in, pero quiero un fabricante grande detrás": HPE y Dell. Acá hay que separar dos cosas que suelen confundirse. HPE tomó el KVM enterprise y le puso una capa propia: su producto, Morpheus VM Essentials, trae un hypervisor con marca —HVM— y, sobre todo, permite gestionar VMware y el hypervisor nuevo desde una misma consola, migrando de a olas, sin saltos bruscos. Dell fue por otro lado: no te vende un hypervisor propio, te vende la orquestación —Dell Private Cloud, y para sitios distribuidos Dell Distributed Private Cloud— y te deja elegir el motor de abajo. Son caminos para quien quiere salir de VMware pero no quiere quedar sin un número de teléfono al cual llamar. El costo de eso es volver a una relación con un proveedor grande —con todo lo bueno y lo incómodo que eso trae—. En mi caso no se llegaron a evaluar a fondo: aparecían a mitad de precio de VMware, lo cual los hace candidatos legítimos, pero son propietarios, y esa condición merece su propio análisis antes de avanzar.
  • El camino de nicho: Verge.io y otros. Existen plataformas más chicas, con propuestas específicas, que en algunos escenarios resuelven muy bien. No las descarto, pero ameritan un análisis caso por caso y no entran en una nota general como esta sin volverse injustas con ellas o con vos.

Si releés la lista, vas a notar que en ningún momento dije "elegí esta". Dije: si sos este decisor, mirá por acá primero. Porque el error más caro no es elegir la alternativa equivocada. Es elegir cualquier alternativa sin haberte preguntado antes qué clase de organización sos.

Las cuatro preguntas antes de mover un servidor

Si tuviera que reducir todo lo anterior a algo que un decisor pueda usar el lunes a la mañana, serían cuatro preguntas. No son técnicas. Son las que conviene poder responder antes de pedir una sola cotización de alternativa.

La primera: ¿qué de lo que pago, uso? Es el inventario sincero del que ya hablamos. No lo que la plataforma ofrece: lo que tu operación efectivamente toca. Si la respuesta es "una fracción", parte del problema no es VMware, es que estás comprando una talla que no es la tuya.

La segunda: ¿cuánto me ahorro de verdad? Y "de verdad" significa restarle al ahorro de licencia el costo de la migración: las horas de aprendizaje, el riesgo de operar algo nuevo, las herramientas a reconfigurar, el tiempo de tu gente. Si después de esa resta el ahorro sigue siendo grande, hay caso. Si se achica hasta volverse simbólico, la respuesta quizás sea quedarte —y está bien quedarse cuando la cuenta lo dice.

La tercera: ¿quién va a operar esto, y qué le estoy pidiendo? La plataforma no la elige el directorio: la sufre o la disfruta la persona que la administra todos los días. Sacarla de lo que domina y ponerla a aprender de cero tiene un costo humano y operativo que no figura en ningún Excel, pero que es tan real como la factura. Si esa persona no está en la conversación, la decisión está coja.

La cuarta: ¿dónde puedo equivocarme barato? Esta es, para mí, la más subestimada. Migrar no es un evento único y total. Casi siempre tenés entornos de distinto riesgo —producción, desarrollo, contingencia—. Y no todos los entornos pagan el mismo precio por un error. Si vas a aprender algo nuevo, aprendelo donde un tropezón se tolera, no donde te cuesta el negocio.

Esa cuarta pregunta es, justamente, la que respondió mi cliente.

Volvamos al caso

Después de poner todos los números sobre la mesa, la decisión no fue "migramos" ni fue "nos quedamos". Fue más interesante que las dos.

El cliente tiene dos sitios, y entre ellos, tres entornos: producción, desarrollo y contingencia. La resolución fue partir la decisión según el riesgo de cada uno. En desarrollo y en contingencia entra Proxmox —ahí donde el 83 por ciento de ahorro se vuelve irresistible y donde, si algo no sale como se espera, hay tiempo y margen para resolverlo—. En producción se queda VMware, al menos por un año, hasta ver cómo madura el resto del panorama y cómo se comporta Proxmox en los entornos donde ya está corriendo.

Visto rápido, parece una decisión tibia, una que no se anima. Es lo contrario. Es una decisión que entendió que el ahorro real no se captura de golpe, sino que se compra con aprendizaje —y que el aprendizaje conviene pagarlo donde es barato—. El cliente convirtió desarrollo y contingencia en lo que en el fondo siempre deberían ser: el lugar donde la organización aprende sin arriesgar lo que no puede perder. Dentro de un año, esa misma organización va a tomar la decisión sobre producción con algo que hoy no tiene: experiencia propia, no de folleto.

El cierre

El número de los 24.000 dólares es real, y entiendo perfectamente que asuste. Pero la reacción que provoca —"tengo que irme de VMware"— es, casi siempre, la pregunta equivocada hecha con apuro.

La pregunta correcta no es a dónde te vas. Es qué necesitás de verdad, cuánto te ahorrás de verdad una vez puestos todos los costos sobre la mesa, y dónde podés permitirte aprender. Si después de responder eso con honestidad la conclusión es irte, andate tranquilo: vas a estar yéndote por las razones correctas. Y si la conclusión es quedarte, también está bien —vas a estar quedándote porque hiciste la cuenta, no porque te dio miedo hacerla.

Lo caro nunca fue la licencia. Lo caro es decidir sin haberse hecho las preguntas.